lunes, 8 de diciembre de 2014

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¿Cómo puedo perdonarme por lo que me he estado haciendo todos estos años?


A veces sencillamente no puedo conmigo misma. Se me cae todo de las manos. Las ganas de ser alguien, de vivir, de amar.


A veces siento como si tuviera que demostrarle algo a los demás, como si le debiera algo a este mundo corrupto, destruido y construido por mí solo para poder destrozarlo una vez más.


Yo como por ansiedad. Esa es la verdad. Sin embargo hay una verdad mucho más honda que esa. Yo como porque en el fondo no quiero ser delgada. Tener esta capa de grasa me mantiene alejada de la gente, me aisla, me hace sentir segura de que la gente no se acercará a hacerme daño. Esto que ven todos no es mi verdadero yo. No es mi verdadero cuerpo. Debajo de este cuerpo está mi cuerpo de verdad y dentro de mi cuerpo de verdad alguien llora un profundo daño... ese que solo pueden hacerte las personas.


Pero ya no más. Así como destruyo y construyo el mundo, yo destruiré estas murallas porque no las necesito. El verdadero enemigo habita dentro de mí, YOU'LL DIE MOTHERFUCKER.

16/08/2013

"Apoyo mi mano sobre la ventana y me doy cuenta de que hace frío. Una burbuja de neblina intensa se despliega detrás del cristal y lo único que me separa de esa densa capa de invierno que me confina a los espacios más truculentos de una mente tan enferma como mi cuerpo, es otra capa aún más densa de las volutas de un cigarrillo encendido.Quedarme en casa todo el día por culpa de la gripe no me pasaba desde los nueve años, cuando mi brillante madre me llevó a casa de una amiga del colegio que me caía mal tan solo para que atrapara un poco de varicela. Mañana será el día 1 en mi programa de ejercicio. Espero tener la autoestima lo suficientemente baja, que mi nivel de inseguridad llegue al tope como un termostato a punto de desgajarse.Me pregunto por qué siempre espero a estar en ese límite, por qué siempre coqueteo con las fronteras más cuestionables en la pirámide social de lo aceptable. No se me ocurre otra explicación que el aburrimiento, que un profundo miedo, como el de atravesar a los once años un cementerio en la hora muerta mientras sientes que la sangre baja hasta tus talones y te lamentas no recordar la Biblia o el Corán y reconsideras el hecho de que eres atea. A fin de cuentas, sí, es un cementerio. Plagado de gente como la universidad. A veces mi umbral perceptivo es paranoico. "